Libros a la sombra de un tamarindo
>> domingo, 30 de noviembre de 2008
Y ‘ebajo el palo ‘e mangó', como dijo Corretjer.
Anaqueles, mesas y bancos sobre un batey de tierra; libros marcados por las huellas del uso y del reuso; el placer de la lectura y del compartir tendiendo su alfombra verde ante el pueblo. Así se llevó a cabo en el Sector Rancho Guayama de Salinas la Séptima Pequeña Feria del Libro Usado de Puerto Rico este fin de semana.
No quiero dejar pasar la oportunidad de dar a conocer y recomendar este evento, sobre todo después de haber visitado recientemente la Feria Internacional del Libro de Puerto Rico en el Centro de Convenciones. Tampoco puedo evitar hacer una necesaria comparación entre ambas, aunque la misma pueda parecer injusta y desigual.
La experiencia me ha enseñado que a veces la mejor de las intenciones puede hacer el mayor de los daños. Entiendo que es esto precisamente lo que está ocurriendo progresivamente cada año con la celebración de la Feria Internacional del Libro, la cual se aleja cada vez más del pueblo. Sencillamente no llega; como que ‘pisa y no arranca’. ¡Cuánto potencial y tan mal utilizado!
Esta actividad de gran envergadura alega ser una ‘ventana cultural’, pero ¿para quiénes? Atraer a la población de ‘gran poder adquisitivo’ (dicho por la misma organización) no fomenta el que un país siga evolucionando hacia una nación culta y consciente. El propósito y el esfuerzo son meritorios, pero hay mucho que los organizadores de un evento tan importante podrían aprender y aplicar de actividades como la Pequeña Feria del Libro Usado.
Su directora y organizadora, la Sra. Justina Díaz Bisbal, ha querido con este esfuerzo autogestivo “contribuir a promover y facilitar la lectura entre los puertorriqueños, en especial en los niños”. Así de simple, su objetivo aparenta ser mucho menos abarcador que la misión de la Feria Internacional, pero en principio se supone que buscan lo mismo y convertirse en la misma cosa: un lugar donde se celebre y se fomente el amor por la lectura.La Pequeña Feria del Libro Usado es exactamente eso. Su ubicación no será urbana, pero la entrada es libre y sin controles. Su ventilación la provee la brisa. Huele a libros, pero también a gente. Ambos son protagonistas. Desde la llegada siente uno el deseo profundo de arrinconarse bajo un árbol a disfrutar del manjar que ofrecen sus mesas y anaqueles. En ellos podemos depositar a voluntad los libros que hemos amado o que nunca hemos soportado, los que automáticamente se convierten en tesoro entre otras manos borinqueñas. A través del día encontramos tesoros propios, haciéndolos nuestros gratuitamente. Los niños y niñas, libres para tocar y hojear a su antojo se pasean entre bancos, anaqueles y árboles con uno o varios libros entre sus manos.
No faltan las charlas educativas y las presentaciones artísticas, las que por la naturaleza de la actividad se convierten en un compartir que trasciende las barreras de lo intelectual para hacerse diálogo entre amigos. La Pequeña Feria provee además el espacio para que poetas y autores den a conocer sus obras, sin más protocolo o reglamento que hablar de ellas y hacerlas accesibles al disfrute de la gente.
Gracias a iniciativas como la de la Pequeña Feria del Libro Usado, hoy viví un poco mi fantasía de compartir libros junto a los árboles, frente al mar o bajo las estrellas. Y de paso, pude saborear junto a mi hijo un par de acerolas (otro de mis sueños), con cuidado de que su jugo no mojara las letras de la estrofa que desde aquellas páginas amarillentas nos sonreía.No está nada fácil despertar conciencias dormidas. La realidad probablemente no sea tan sencilla como la he querido ver a través de estos lentes apasionados que me hacen caminar a menudo en las nubes. Pero lo que sí es real es que en Puerto Rico hace falta y es viable no solo un espacio, sino varios espacios consistentes y frecuentes donde los libros se fundan con el pueblo. Donde no sean tratados como una mercancía más, sino como lo que son: un elemento indispensable para el crecimiento y la evolución de una sociedad. No un objeto intocable sujeto a reverencias, sino una herramienta para ser anotada, manoseada, analizada, disfrutada, criticada, intercambiada, desteñida y gastada por el paso de los dedos y las mentes sobre sus páginas.
Organizar bibliotecas y ferias rodantes como la de Trujillo en Perú. Llevar a cabo más ferias de libros usados a través de toda la isla y durante todo el año. Celebrar talleres, festivales y eventos comunitarios para promover la lectura y obra de autores reconocidos o noveles de la misma comunidad. En fin, la lista de posibles actividades puede llegar a ser muy amplia. Todas con miras a una celebración anual de amor a la lectura que sea parte de las festividades nacionales. Donde no se otorguen premios únicamente a escritores reconocidos, sino a las primeras obras de niños escritores y gente de pueblo que se inicia en este arte. Una gran fiesta popular, por y para las masas que vean la palabra escrita como instrumento para expresarse, recrearse, ampliar su conciencia y abrir su mente.Aún después de este análisis y tratando de ser justa, considero que los objetivos comerciales y profesionales de los organizadores de la Feria Internacional del Libro son muy válidos. Sin embargo, podrían cumplirse a cabalidad sin necesariamente afectar la misión principal que debe dar vida a una actividad de este tipo: fomentar que el mundo de los libros llegue y estimule a todos los sectores, ayudar a promover y a desarrollar una nación amante de la lectura y demostrar que como he denunciado anteriormente, el derecho a la palabra escrita no pertenece a una elite, sino a todos.



7 comentarios:
Isabel: Me ha emocionado este recuento tan hermoso que haces de ese evento al que nadie le prestó atención. Al menos hoy vi algo de una feria de libros usados en Salinas pero nada de la que describes. Me hubiese encantado participar de algo así.
Eso de los libros me recuerda cuando intenté que la Junta de mi condominio utilizase un espacio vacío para hacer una biblioteca o sala de lectura. El presidente, que era entonces Gaspar Roca (el del Vocero) ni se dignó contestar mi carta. Pero en el lugar se puso luego un gimnasio (que casi nadie usa comoquiera). No me opongo a los gimnasios, pues participo en uno regularmente. Pero hubiese sido un gran ejemplo el darle espacio a la lectura.
Muy bien dicho, Isabel. Bastante competencia tienen los libros como para tambien poner murallas y barreras alrededor de ellos. Y después nos quejamos de que no se lee...
Ivonne y Siluz:
Gracias a ambas por sus comentarios; hay que estar pendientes el próximo año para apoyar públicamente esta actividad.
Definitivo Isa!! Qué ironías, la feria la hacen a minutos de donde vivo y no pude llegar, a pesar que Justina me envió el enlace de recordatorio. Tanta cosa que tuve en estos días, que se me pasó... pero me uno al equipo de regar la voz, para que este esfuerzo de promover los libros usados siga creciendo!!
Gracias por dedicarle un espacio a este motivo!! Un abrazo.
Quiero compartir un segmento del mensaje que me envió la Sra. Justina Díaz, organizadora de la actividad a mi correo electrónico:
"Me llega al corazón mucho de lo que dices pues veo como una sencilla idea que nació de mi pasión por la lectura parece haber prendido en las personas afines y da indicios de que seguirá creciendo hasta convertirse en un gran acontecimiento para promover nuestro desarrollo cultural y nuestro sentido de autenticidad puertorriqueña.
Como pudiste notar ya soy mayor y quisiera que este esfuerzo se mantuviera aún despues de que ya no estemos en este plano existencial. Vamos a ver si alguna organización o institución lo adopta y le da continuidad y permanencia. Nuestro mayor propósito es convertir la Feria en autosustentable sin que se comercialice. Nunca hemos pedido ayuda económica, nosotros sufragamos todos los gastos y nos causa satisfacción hacerlo. También nos donan muchas cosa, como los anaqueles y tablilleros para pner los libros. El producto del pequeño bazar de artículos donados lo usamos para pagar el almuerzo de nuestros voluntarios.Pero amedida que vaya creciendo aumentarán los gastos y ya estamos ideando formas de generar los fondos necesarios.
En términos estadísticos puedo decirte que asistieron 480 personas entre las cuale hubo alrededor de 40 adolescentes y 58 niños. Vinieron de 31 pueblos de la isla, algunos tan distantes como Cabo Rojo, Mayaguez, Añasco, Aguada, Toa Alta, Toa Baja, Quebradilla,Guaynabo, Fajardo, Bayamón y San Juan.
Bienvenida y gracias mil por leer la reseña, Paulette. Y sobre todo, gracias por el esfuerzo tan grande que hacen para que en nuestro Puerto Rico haya actividades como esta.
Ya está debidamente corregido el nombre del sector. Gracias también por la aclaración.
Un abrazo solidario,
Isabel
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