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"Vamos a despertarnos de arena. Vamos a ser esa que se esparce y vuela; que se adhiere a la piel como lengua en beso y ahí se queda.
Seamos bofetada de calor y golpe de dolor en la conciencia".

-I.C.

Banderas, trapos y fechas

>> miércoles 23 de junio de 2010

Nuestra amada bandera. No cualquier bandera. Ese mar de hilos entrelazados de estos colores y no de aquellos. Teñida de sangre y de firmamento azul celeste, no marino. A muchos nos arropa, nos sirve de escudo, de carné de identidad. La llevamos bordada, grabada a fuego en el corazón. La mayoría concuerda en que es lo suficientemente significativa para llevarla colgada del cuello, tal vez en la cintura o hasta en el trasero pintada en un afortunado bolsillo. La fuerza de su imagen aparenta traspasar el muro de las ideologías para ser el imán que atrae a (casi) todos por igual. Algo así como una cortina de humo de tres colores, un elemento nacional común, pero al que cada cual le da su propio significado.

El lugar de nuestra bandera en la historia no está exento de controversia. El 22 de diciembre es la fecha que fue designada de manera 'oficial' y bastante reciente por las autoridades gubernamentales (en el 1995, nada menos que por la administración de Pedro Rosselló) para conmemorar el Día de la Bandera Puertorriqueña. Fue este el día que en el 1895 fue aprobada como bandera nacional por la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Perfecto. No me quejaré en este momento; sé que de seguro muchos dejaron escapar un efímero suspiro cuando se llegó a enarbolar nuestra bandera sola durante aquella ceremonia aprobada por el gobierno.

Sin embargo, sepamos todos que esta no es la única fecha que se dedica a esta celebración, pues como en todos los capítulos de esta borinqueña historia, hay una versión 'no oficial' y que por lo general resulta más fiel a la verdad. Por lo tanto, es mi deber mencionar que el 11 de junio de cada año, el Comité de Amigos de la Bandera Puertorriqueña conmemora este día como la fecha en que el manatieño Antonio Vélez Alvarado diseñó nuestro estandarte. En la actualidad, esta fecha fue claramente desdeñada oficialmente por resaltar la figura de Vélez Alvarado, quien estaba plenamente identificado con sus ideales independentistas. Esto contrario al comité que aprobó la bandera, que según explica el Dr. Ovidio Dávila, se identificaban con una línea de pensamiento anexionista y jamás colaboraron directamente con José Martí.

Por supuesto, la autoría del diseño también ha estado sujeta a discusión por años. Mi intención no es reproducir aquí la controversia, sino poner a disposición de ustedes la información 'no-oficial' para que puedan conocer a fondo los aspectos menos discutidos de nuestra historia.

En primer lugar, quienes dispongan del tiempo pueden escuchar el siguiente episodio del programa radial 'La Voz del Centro', conducido por Angel Collado Schwarz y en donde estuvo de invitado el Dr. Dávila, arqueólogo: La historia de la bandera de Puerto Rico. Les ayudará a entender el trasunto político e histórico detrás de ambas fechas y de la controversia en general.

La versión oficial les será mucho más fácil de encontrar en cualquier oficina de gobierno o en la red que en este diario cibernético. Mi enfoque siempre será el menos oficial posible.

De todas formas, aprender a respetar y a amar ese manto de tela que durante más de cien años nos ha representado tiene que ir acompañado de algo mucho más profundo. El mismo Betances lo dijo en su distintivo estilo cuando Vélez Alvarado le notificó por carta que habían diseñado la bandera, "lo primordial es conseguir la independencia. Después cualquier trapo serviría de bandera". Así de claro y contundente lo dijo. Trapo. Y la verdad es que una bandera, al igual que cualquier símbolo, no deja de ser fácilmente modificable, transitorio y utilizado para fines diversos que no necesariamente tienen que ver con la libertad de una nación.

No puedo dejar de mencionar que el poeta Francisco Gonzalo 'Pachín' Marín se inspira entonces en esta reacción de Betances para escribir su genial poema:

EL TRAPO
A Puerto Rico

Cuando un pueblo no tiene una bandera,
bandera libre que enarbole ufano,
en pos de su derecho soberano
y el patrimonio, la gentil quimera;
si al timbre faltan de su gloria entera
bríos de combate en contra del tirano,
la altiva dignidad del ciudadano
o el valor instintivo de la fiera;
con fe gigante y singular arrojo,
láncese al campo del honor fecundo,
tome un lienzo, al azar, pálido o rojo,
y, al teñirlo con sangre el iracundo
verá cambiarse el mísero despojo
en un trapo que asombre a todo el mundo.

Aún así, la palabra trapo no es la más agradable a nuestra vista u oído, sobre todo si se trata de la bandera, ¿verdad? Pero estoy segura de que el honorable Betances tenía en su mente más de un significado al momento de su memorable cita. Nos cuenta un famoso diccionario que un trapo se define también como 'vela de una embarcación'. Muchos seguimos de pie luchando de diversas formas por mantener izado nuestro amado trapo para dar dirección a esta nave que ha estado por tanto tiempo sin ruta.

De ola en ola, de narrador en narrador y de poeta en poeta sigue cruzando este barco, por lo que quiero cerrar mi historia de banderas, trapos y fechas con las hermosas líneas de un elocuente poeta puertorriqueño.

DE PASADIA
Ernesto H. Valentín-Sánchez

Te llevaré
a la más alta montaña.
Allí desplegaremos,
tú, tu esencia,
yo, mi alma.

Te llevaré
profundo en mi pecho
pero con acceso al viento,
y así como mi espíritu,
un grito lanzarás al firmamento.

Seremos escuchados;
yo, en mi plegaria,
tú, en tu revuelo,
mientras un suave y límpido céfiro
entre hojas cantará en concierto.

Un verso, libre como tú y yo,
voz sublime del cielo,
hará oscilar la arboleda
y el ruiseñor alegre versará
poesías de amor a su pareja.

Del monte bajaremos,
tú, radiante y lúcida,
yo, amante y potenciado
y haremos fiesta de amores
antes de entregar mi cuerpo
a la tierra que he amado.

También tú
te mecerás al variable viento,
mientras yo, buscando seguiré
la verdad que presiento
por los amplios caminos
del Cosmos inmenso y eterno.

Ya tienes tu estrella,
la mía, aún no la merezco.
Bate con tu furia al viento
y espera paciente mi regreso.

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